martes, 5 de enero de 2010

Veterinario (dedicado al pájaro azul)

Hay un pájaro parado en una cornisa.

Yo fumo.

El pájaro no.

Nos miramos.

Pienso que estamos

en paz a pesar de nuestras diferencias.

El no vuela ni nada.

Me deja estar cerca.

A lo mejor lo hace porque no puede moverse,

quizás está enfermo o moribundo,

y yo no lo sé porque no soy veterinario.

Prefiero pensar que estamos

en paz.

Una paz parecida a la que tengo cuando mi hijo se ríe

y hace temblar el mundo con truenos que estallan sobre

un arco iris de colores que no existen.

Pego una pitada:

¿Vamos a poder con un mundo en donde un hijo de puta

ata a un perro a una pared y lo deja morir de hambre

diciendo que es arte?

¿Vamos a poder con todos esos hijos de puta

que fueron a la exposición

y no dijeron nada?

El pájaro sigue ahí.

Sin fumar y sin hablar.

Nos miramos otra vez.

Creo que nos entendemos.

Apago el cigarrillo y me voy,

sabiendo que si él salta,

no va a caerse.

Las alas le van a servir.

No soy veterinario,

pero me doy cuenta

de eso.

1 comentario:

  1. ¿qué pasó al final con ese "hijoeuta"? me recordó la historia.

    ResponderEliminar