viernes, 8 de enero de 2010

Para Surfer

Surfer era gigante y negro y marrón
y podía arrancarte un brazo de una sola mordida.
Había pasado casi toda la vida en la calle
y terminó en una perrera.

Les costó trabajo agarrarlo.

Al principio, nadie podía acercarse a él.
Después, de a poco, fue haciéndose amigo de los cuidadores.
Todo estaba bien mientras no tocaran su comida.
Surfer sabía cómo eran las cosas:
Si alguien tocaba algo que realmente querías,
ese alguien tenía que morir.

Las perreras ubican en casas a los perros de la calle
pero ninguna casa tenía lugar para Surfer
porque él sabía demasiado.
Así que decidieron matarlo.

Un día cualquiera le pusieron una inyección
y Surfer dejó el mundo sin que nadie pudiese
tocar su comida.

Dejó el mundo muchísimo más vivo y con más sabiduría
que el boludo que lo inyectó.

Y no creas que nadie lloró por ese perro
gigante y negro y marrón
porque yo lo hice.

Y no creas que no importa
porque sí importa.

Mundo Carnicero

Son las 9 de la mañana.

Hay un camión frigorífico lleno de vacas muertas.

Vacas frías. Cortadas en pedazos.

Es demasiado temprano para tanta muerte.

Me acuerdo de Leatherface colgando a la minita del gancho.

Me acuerdo de Leatherface poniéndola en su lugar.

Si se acabaran las vacas y los caballos y los pescados y los canguros,

seguro nos comeríamos entre nosotros.

Es lunes. El mundo se pone en marcha.

Bajamos las escaleras. Hasta el fondo. Vamos todos en el subte.

Hay nenes que piden plata y vagabundos sin piernas.

Estamos solos y muertos

en este mundo carnicero.

Cada 3 o 4 meses

miro Texas Chainsaw Massacre

para no olvidarme de cómo son las cosas en realidad.

Todos somos comida.

Sólo es cuestión de tiempo.

Una mezcla de amor y violencia
y dulzura y odio y desesperación

Lo que veo cada vez
que estás ahí sentada esperándome
debe ser parecido a lo que ven los lobos
cuando miran a los ciervos:
Una mezcla de amor y violencia
y dulzura y odio y desesperación.

Músculos tensos. Rojo en lo blanco del ojo.

Si el bar en el que nos encontramos
fuese el infierno
todo sería mucho más fácil
y no tendríamos que tomar taxis
a ningún lado.

Sos una especie de luz maravillosa,
como la que vieron los que vivían en Hiroshima
el día de la bomba.

Y, cada vez que te vas,
siento que yo soy un juguete
medio roto
que un chico dejó tirado
en el rincón más oscuro
del baúl.

Una mezcla de Chuky
con la Barbie Tropical.

RENCOR


Escrita por mí y Matías Caruso. Dibujada por Andrés Lozano.
Navidad

Un tipo se caga de calor
con el traje rojo.
Los chicos le dejan cartas
y él las guarda en una bolsa.
Tiene la barba mal pegada.

Cruzo la calle sabiendo que,
esta noche, los basureros
van a tener mucho trabajo:
Bolsas llenas de papeles
escritos con ilusiones,
tirados a la mierda.
1 a.m.

Me dijiste que ibas a venir y cada auto que escucho
me hace pegar la cara al vidrio de la ventana
para verte llegar.


1:00 a.m.
Abro un poco para ver mejor.
Hace frío. Está oscuro.
Cierro.


1:10 a.m.
Prendo un cigarrillo.
Espero y espero.

1:25 a.m.
Me tiro en mi cama. Seguís sin venir.
Pienso en la cama del hospital en la que debe estar
durmiendo mi viejo.

Doy vueltas.
Tengo los ojos 2 talles más grandes
que la cara.


1:39 a.m.
Me levanto y miro el vidrio de la ventana.
Me digo que vas a venir aunque,
en el fondo,
sé que me miento.


2:05 a.m.
El amor es un revólver
al que alguien le puso balas de salva.

Es una motosierra de plástico.
Es un arma que va a fallar
cuando la necesites.


2:43 a.m.
Ahora es una Tenia Saginata.
Algo bien metido adentro tuyo,
que se come tu comida
sin ni siquiera decirte gracias.

3:10 a.m.
La muerte vende revistas
en la puerta del hospital

donde está internado mi viejo
y el anillo que me regalaste
me sacó hongos en el dedo.

miércoles, 6 de enero de 2010

Anzuelos

Tengo miedo y exploto de adrenalina.

Tengo los puños tan cerrados

que los dedos están por atravesarme

las palmas de las manos.

Vos y yo y todos estamos lastimándonos.

El mundo es como una carnicería.

Hay pedazos de carne colgados de ganchos.

Hay hígados y corazones.

El carnicero está manchado de sangre.

Tiene el cuchillo en la mano

y está dispuesto a venderle todo

al primero que pague.

A mí hace rato que se me acabó la plata.

Y, aunque la tuviera,

no podría abrir las manos

y vaciar los bolsillos

porque tengo los puños muy cerrados.

Tan cerrados que parece que los dedos

van a salir por el otro lado.

Me gustaría dormir con alguien

y acariciarle la cara.

Pero tengo los puños

muy cerrados.

Tengo dedos ganchos.

Tengo dedos anzuelos.

Estoy atrapado

y soy mi propio

pescado.